Este conjunto, formado por un parque y una biblioteca, se aproxima más que cualquier otra construcción de Agua Prieta al muro fronterizo con Estados Unidos, actuando como un acceso simbólico y físico a la ciudad. El principal desafío fue situar la edificación lo más cerca posible del muro manteniendo una conexión visual y espacial entre ambos lados. Una rampa permite mirar hacia el otro lado, convirtiendo los límites habituales de separación en una oportunidad de encuentro. Elevada sobre arcos, la biblioteca se transforma en un escenario para eventos binacionales, conectando con el parque adyacente y convirtiendo un área abandonada en un punto de convivencia cultural y recreativa. A modo de gran cubierta, el edificio acoge a todos y refuerza el sentido de pertenencia.