Concebido como un refugio comunitario, este proyecto busca reducir el tráfico urbano e introducir nuevos espacios públicos que otorguen a la ciudad una identidad renovada. El reto consistió en crear una estructura emblemática capaz de albergar programas diversos en el futuro sin perder su carácter distintivo ni su fuerte presencia. Las bóvedas y el ritmo de las columnas definen un edificio abierto compuesto por elementos mínimos. Detrás su aparente sencillez, el conjunto funciona como un centro vivo y una puerta de entrada a la ciudad fronteriza de Naco. Además del mercado cubierto, incluye un foro al aire libre y una torre mirador con vistas panorámicas poco comunes en los poblados horizontales y de baja altura de Sonora, a lo largo de la frontera México–Estados Unidos.